domingo, 3 de enero de 2010

Carlos Castañeda fue peruano?

Caretas (Lima) Edición 2016, 28 de febrero de 2008,

Cultural :::: Nueva hipótesis en torno a la identidad del escritor que reveló al chamán Don Juan en los 60’s: Sería chalaco.

Los Consejos de Don Juan eran Peruanos

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El “otro” Castañeda: Carlos Arana Castañeda, estudió en UCLA y también visitó México.

En 1947 los diarios limeños informaron cómo Óscar Castañeda Bocanegra, estudiante sobresaliente del último año de un colegio secundario del Callao, había ganado el concurso de oratoria para asistir, junto con 19 otros jóvenes representantes de países latinoamericanos, al Segundo Foro Internacional del diario neoyorquino Herald Tribune por realizarse en la Gran Manzana ese año. Por su inteligencia y destacada participación en esa cita interamericana, sus admiradores neoyorquinos lo ayudaron a Óscar a sufragar sus estudios en ciencias sociales en la Universidad de Columbia, donde lo conocí y trabamos estrecha amistad.

Cuando en 1948 las consecuencias político-económicas del golpe de Estado del general Manuel A. Odría desbarataron el proyecto universitario de muchos peruanos, Óscar se consoló participando en Nueva York en varios eventos culturales y polemizó con Ciro Alegría en el diario neoyorquino La Prensa, a la vez que intentaba resolver sus dificultades con el Departamento de Inmigración estadounidense (la Migra) por sobrepasar su estancia y cambiar sin permiso el objetivo de su visa temporal. Sus problemas con la Migra culminaron en la deportación. Empero la prestigiosa latinoamericanista Frances R. Grant, amiga de José Carlos Mariátegui, logró que lo enviaran a México y no al Perú, arguyendo que por ser aprista su vida corría peligro como blanco de la dictadura del ochenio.

Iniciación en la frontera

En la capital mexicana, Óscar se relacionó con latinoamericanos deportados, especialmente con Manuel Mejía Valera –el Borges peruano, autor de Lienzo de sueños–, con Gustavo Valcárcel –conocido por la novela La prisión– y con Hilda Gadea, el Che Guevara, Fidel Castro y Raúl Roa, futuro canciller de Cuba. Después de estudiar y trabajar en México una década, el joven chalaco repentinamente dejó de comunicarse con su familia del Perú y sus amigos. Conjeturo que la drástica resolución inició en el chalaco Óscar una misteriosa etapa de vida con el nombre de Carlos Castaneda, con “n”, sin tilde.

Si se hilvanan los pocos datos biográficos filtrados en sus escritos y conversaciones, se sabe algo más: el futuro célebre personaje estudió antropología en la Universidad de California, recinto de Los Ángeles (UCLA). En 1960 conoció a don Juan Matus, un chamán yaqui de cabellera blanca. Ocurrió cuando el meticuloso universitario se encontraba en una estación de autobuses Greyhound de Nogales (Arizona), listo para retornar a Los Ángeles, cumplida una etapa de las investigaciones para su tesis doctoral sobre las plantas medicinales usadas por los amerindios del área. En Arizona el hechicero yaqui le mostró a Castaneda cómo controlar las condiciones psicológicas del poder cognoscitivo que permite percibir el mundo circundante y acondiciona a los seres humanos a defenderse inconscientemente, empleando todas sus energías. En este proceso los practicantes atrincherados en su búnker personal no se dan cuenta de sus relaciones con los demás ni sospechan cuán egoístas son. Como primer paso para zafarnos de estas amarras, don Juan recomendó que cesemos de sólo recibir, y nos dediquemos a amar al prójimo sin pedir nada en retorno. El chamán le aconsejó a Carlos que dejara de sentirse importante y se librara de las amarras de la vida cotidiana. Para adquirir el auténtico conocimiento –le advirtió–, necesitaba: 1) vencer el temor; 2) lograr claridad de pensamiento; 3) usar generosamente el poder; y 4) aceptar su edad. En sus largas conversaciones con el inquisitivo universitario, el hechicero, dotado de poderes sobrenaturales, le desbarató sus esquemas preconcebidos sobre la “realidad” y le proporcionó las armas dialécticas para su tesis doctoral y libros. Le dio las enseñanzas que desconciertan y alteran la conciencia de los lectores, iniciándolos en un mundo alucinante y adentrándolos en una realidad mágica, hiperreal.

En Las enseñanzas de Don Juan (1ª ed. de 1968, prologada en 2000 por Octavio Paz y Walter Goldschmidt), Carlos Castaneda mostró una forma yaqui de conocimiento y sus aventuras farmacológicas y espirituales. El autor hizo lo mismo en Una realidad aparte: nuevas conversaciones con Don Juan (1971), Viaje a Ixtlán (1973), Relatos de poder (1975), El arte de ensoñar (1993) y El silencio interno (1996). En ellos narró con claridad ejemplar su periplo espiritual. En las estaciones de este proceso cuasi místico, el autor explicó cómo vio insectos gigantescos y aprendió a volar sin ayuda externa alguna. Por estas experiencias misteriosas con el cactus, sus admiradores consideran su búsqueda psíquica semejante a la realizada por Aldous Huxley (1894-1963) en Las puertas de la percepción (1954).

El obsesivo interés de Carlos Castaneda en el anonimato absoluto, su rechazo a las entrevistas, a dejarse fotografiar y a que le grabaran la voz, engendraron numerosas historias, conjeturas e hipótesis sobre su vida y milagros; en tanto, sus libros siguieron vendiéndose, aun después de pasado el interés en el tipo de espiritualidad que ofrecen. Además, en Los Ángeles y en el Distrito Federal de México, el enigmático escritor lanzó un nuevo mensaje impartido por medio de seminarios sobre ciertos movimientos llamados “pasos mágicos”, desarrollados por chamanes indios del México precolombino. Los seminarios enseñaban a los discípulos a percibir la energía pura presente en millones de campos llenos de filamentos luminosos que rompen las cadenas del conocimiento normal. Lo hacían mediante una mezcla de meditación y ejercicios físicos conducentes a la despersonalización que traspasa la conciencia ordinaria. Como los chamanes, Castaneda enseñaba cómo los seres humanos pueden percibir energía directamente tal y como fluye en el universo, asegurándoles, de la manera en que lo hacía don Juan, que cualquier ser humano es capaz de interrumpir, por un momento, su sistema de interpretación de los datos sensorios. Nuestro mítico autor aseguraba que convertir el flujo de energía en datos sensorios crea un diverso sistema de interpretación de nuestro universo cotidiano.

Misterio real

El misterioso Castaneda ofreció la realidad mágica, superior a la de otros relatos antropológicos sobre el mismo tema, esgrimiendo una prosa dirigida al público en general, pero con ocasionales toques académicos. Su ingeniosa narración descansa en un brillante lenguaje prosaico, saturado de certeros análisis psicológicos de situaciones y personajes. Sus textos acercaron a muchos lectores al mundo del peyote y los hongos, y ampliaron su capacidad para percibir al mundo desde una perspectiva mágica. Los admirables, controversiales y polémicos libros suyos mezclan la antropología, el chamanismo y el realismo mágico.

En 1998, encontrándose embarcado en ofrecer una nueva visión del mundo, Carlos Castaneda falleció víctima del cáncer, en su domicilio en un exclusivo barrio residencial de Los Ángeles, rodeado de un pequeño grupo de celosos discípulos, que en los años finales de su vida lo habían aislado y alejado tanto de su hijo adoptivo como de Margaret Runyan Castaneda, la esposa de quien había intentado divorciarse en México. Los discípulos publicitaron un testamento firmado cuatro días antes de su fallecimiento, que nombraba a la organización Eagle Trust (Fideicomiso Águila) heredera única de un patrimonio calculado en cerca de veinte millones de dólares. El manto arcano continuó prolongándose más allá del sepulcro. A pocos meses de la revelación del testamento, Margaret y C. J. Castaneda –también conocido con el nombre de Adrian Vashon–, hijo putativo del escritor, criado y educado por su padre, iniciaron un proceso judicial para anular el ológrafo. Ambos reclamaron ser sus herederos y denunciaron al grupo Cleargreen (Verde Claro, S.A.) por haberlo secuestrado en los últimos años de su existencia.

La controversia póstuma se concentra principalmente en determinar quién fue en realidad Carlos Castaneda y quiénes son sus verdaderos herederos. Algunos afirman que el misterioso escritor les confió haber nacido en Sao Paulo, Brasil, el 25 de diciembre de 1935, fecha posterior a la indicada por otros “documentos”, como el que registra que nació en Cajamarca en 1923. ¿Surgirán en Norteamérica, Brasil, México o Perú nuevos reclamantes de su herencia? El Carlos Castaneda cuarentón de la foto publicada por The New York Times el 19 de agosto de 1998 muestra un asombroso parecido a Óscar Castañeda Bocanegra en la última foto remitida a Lima a sus familiares y amigos, antes de su aparente despersonalización real. Indudablemente, la muerte del hombre misterioso no puso punto final al misterio: fue sólo un punto y aparte.

Para concluir, expreso mi interés en que los familiares de Óscar Castañeda Bocanegra lean esta crónica sobre mi hipótesis de cómo su querido pariente, “desaparecido” después de ser deportado permanentemente de Estados Unidos, tal vez fuera el Carlos Castaneda, doctorado en la UCLA, que triunfó, alegando un origen brasileño o mexicano y no peruano. (Eugenio Chang-Rodríguez*)

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*Lingüista y crítico literario, catedrático de la City University of New York (CUNY), director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia, y Miembro de Número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.



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