viernes, 1 de enero de 2010

Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia


[Roberto Bustamante[1]], “Entre dos fuegos: Reminiscencias

de las Américas y el Asia”,

El Diario La Prensa (Nueva York), 25 de diciembre de 2005.


Nueva York/edlp — En el marco de la décimo-novena Feria Internacional del Libro en Guadalajara, México, fue presentado el libro de Eugenio Chang Rodríguez, catedrático de City University of New York (CUNY) y director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia, y como menciona su portada, se refiere a la Revolución de Trujillo en el Perú y los actos de terrorismo en contra de los Estados Unidos, España e Inglaterra.

La obra titulada Entre dos Fuegos. Reminiscencias de las Américas y el Asia es publicada por el Fondo Editorial del Congreso Peruano. Entre dos Fuegos no es el testimonio de un exiliado cualquiera. El autor entrelaza esos incidentes a las instituciones, personalidades y países que han tenido influencia en su vida. Asimismo, Chang Rodríguez describe y descubre el sentido profundo de su propia vida y de la historia que le ha tocado vivir. Su visión de Norteamérica, de la patria común, Latinoamérica, que tanto nos duele y amamos, de Europa y Asia, nos ayudará a entender mejor la globalización inevitable y valorar a los seres humanos donde quiera se encuentren.

En el Pabellón peruano de la Feria de Guadalajara, Rafael Tapia Rojas, director del Fondo Editorial del Congreso del Perú destacó la pasión política e intelectual del autor peruano. De la misma forma lo hicieron Jaime Labastida, director general de la editorial siglo XXI y miembro de Número de la Academia Mexicana de la Lengua, Federico Alvarez, catedrático de Literatura de la Universidad Nacional de México y Maria Angeles Vásquez, directora de Omnibus, Madrid.

En el libro de 528 páginas los lectores podrán obtener sus propias respuestas del por qué Chang Rodríguez ofrece sus “vivencias aleccionadoras” como lo mencionó Francisco Miro Quesada, quien hace el prólogo, con una presentación de Valentín Paniagua, ex -Presidente del Perú. El trabajo del catedrático de CUNY en Nueva York, fue una de las 230 obras que se presentaron en este importante encuentro cultural que se efectuó entre el 26 de noviembre al 4 de diciembre del presente año y cuyo invitado de honor fue Perú.

“Estando en España, un académico me sugirió que escribiera un libro sobre las instituciones a las que he estado vinculado, que las empalmara con recuerdos, con reminiscencias y de ahí el título del libro”, comentó el escritor. “Los dos fuegos se refiere a la Revolución del Trujillo, en que mataron a miles de personas la dictadura de entonces, en 1932”, dijo a la agencia noticiosa española.



[1] Roberto Bustamante, periodista peruano de larga residencia en los Estados Unidos, es actualmente Asistente del Fiscal del Estado de Nueva Jersey y colaborador del Diario La Prensa de Nueva York, donde sus artículos aparecen firmados o sin firmar.

[1] Roberto Bustamante, periodista peruano de larga residencia en los Estados Unidos, es actualmente Asistente del Fiscal del Estado de Nueva Jersey y colaborador del Diario La Prensa de Nueva York, donde sus artículos aparecen firmados o sin firmar.

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Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia:

una cartografía de la cultura hispanoamericana

Por M. Ángeles Vázquez

Revista Ómnibus, Madrid

Así como después del «primer fuego» de la Revolución de Trujillo

dejé la inocencia de la niñez, después del «segundo fuego»

me es difícil ser el optimista ciudadano del mundo.

Eugenio Chang-Rodríguez

Eugenio Chang-Rodríguez viene desarrollando desde hace años una paciente labor de investigación que abarca a lo largo y ancho todos los matices de la cultura peruana e hispanoamericana. Muchos de sus trabajos son considerados piedras de toque para el conocimiento de la compleja diversidad del pensamiento peruano.

Autor de títulos como La literatura política de González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre (1957), Poética e ideología en José Carlos Mariátegui (1983), Latinoamérica, nación continental (1989) o Latinoamérica: su civilización y su cultura, ya en su tercera edición, y Antenor Orrego: Modernidad y culturas americanas publicado el pasado año 2004, son libros que amalgaman su indagación de la realidad peruana y su preocupación por difundir el pensamiento americano en general. Lingüista y crítico literario, es catedrático de la City University of New York (CUNY) y director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia. Es Miembro de Número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, director de su Boletín y codirector de la revista Word de la Asociación Internacional de Lingüística, que presidió durante siete años. Asimismo, es académico correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Peruana de la Lengua.

El libro del que hablamos hoy, es la invitación a un fantástico viaje. Es también la historia personal y el «testimonio de parte» —como dijera Mariátegui—, de la trayectoria seguida por la cultura peruana en los casi últimos 100 años y como todo viaje, tiene mucho de odisea. Eugenio Chang-Rodríguez, actor y testigo de excepción, a la manera de los viejos maestros positivistas, nos lleva a través de sus páginas desde la que puede considerarse la primera revolución del Perú en el siglo XX, hasta los atentados terroristas de Nueva York, Madrid y Londres.

Desde el Trujillo de 1932 al mundo globalizado de hoy, la cultura peruana, con todo el peso de su ancestralidad, ha ido desarrollándose y evolucionando, recibiendo influencias e influyendo y agregando su acerbo al desarrollo cultural de la humanidad. La travesía comienza en las aulas de los colegios hasta llegar a los claustros universitarios del Perú, el viaje de los conocimientos va recibiendo la afluencia de instituciones e intelectuales que van signando su curso. San Marcos, la universidad más antigua de América, es la primera y gran estación de este itinerario. Eugenio Chang, al igual que generaciones anteriores y posteriores a la suya, es partícipe de la actividad académica que caracteriza a esta universidad y al esfuerzo de sus estamentos por mantenerla a la vanguardia del trabajo intelectual.

La revelación de sus vivencias y experiencias conforman ya un nuevo capítulo de la larga historia sanmarquina, escrita por autores tan significativos como lo son Raúl Porras Barrenechea o Luis Alberto Sánchez. Sin perjuicio en el uso de un lenguaje conceptual y riguroso obligado en trabajos de esta envergadura, en la visión que nos ofrece Chang, se funden la emoción de lo vivido y la objetividad del especialista. Construye así a lo largo de su investigación una perspectiva poliédrica con la que conforma una cartografía por la que transita la cultura en habla hispana.

En este interesante y valioso testimonio que es Entre dos fuegos … hay que poner especial énfasis a los años en que la historia del Perú está signada por las ideas de Víctor Raúl Haya de la Torre y el partido que funda, el APRA, y su influencia en los sectores sociales y la política de su país. Trujillano de nacimiento, Eugenio Chang es testigo vital e intelectual de la génesis y evolución histórica de este pensamiento. Y este recorrido nos lleva a uno de los momentos más brillantes y efervescentes de la cultura intelectual y artística del período. Son los años que Luis Alberto Sánchez designa como la «belle époque», en la que están implicados pensadores de la talla de Abraham Valdelomar, César Vallejo, José María Eguren, Alberto Hidalgo o Antenor Orrego, de quien el autor ha publicado un excelente trabajo.

Capítulo aparte, en un momento en que los investigadores peruanos vuelven su mirada hacia la historia de la emigración china, los aportes de Chang, de ascendencia sinoperuana, acceden al registro biográfico a partir de una documentación probada, por lo que sirve de base para aquellos historiadores que deseen avocarse a este tema, sobre el que hay todavía mucho que investigar. En lo esbozado por Chang en estas páginas nos muestra ya los beneficios del trabajo de los sinoperuanos en el campo de la historia, la educación, la pintura, arqueología, etc. Por citar solo algunos nombres, el antropólogo e historiador Emilio Choy, el filósofo Víctor Li Carrillo y escritores como Siu Kam Wen y Mario Wong. Agregamos por supuesto a estos nombres a nuestro hombre de hoy.

Sus extensas e informativas notas al pie, sus referencias bibliográficas y en general los datos exhaustivos que nos ofrece el texto, no dejan de ocultar un cálido contenido. El análisis reflexivo con que son examinados hechos complejos se corresponden con la agudeza con que Chang desliza momentos históricos fundamentales en la Historia. En definitiva, una colorida cartografía de la cultura hispanoamericana.

Pero Entre dos fuegos: Reminiscencias de las Américas y Asia, desarrollada con un sesgo tan personal como atractivo, nos habla también del viaje de la cultura peruana al mundo anglosajón como una parte de lo hispanoamericano. Un viaje que hay que entender como la diáspora de muchos intelectuales y artistas, de la migración, que como fenómeno social es común a los países del Hemisferio Sur y de un proceso de integración que está aún en fase de consolidación.

Esto puede resumirse, —en palabras de Eugenio Chang-Rodríguez, en la introducción al libro—, como el «testimonio de un peruano exiliado, consciente de sus raíces, que se esfuerza para no ser demasiado personal, al contribuir a la memoria colectiva de su generación», para continuar diciendo que también es «el testimonio de un peruano que ha pasado la mayor parte de su vida en el destierro». Al enfocarlo de esta manera, no solo nos está refiriendo sus vivencias y experiencias, sino la de todos aquellos que han elegido o se han visto obligados a vivir en el exilio.

Desde las murallas de Chan Chan, capital del antiguo reino Chimú, pasando por Asia, Hispanoamérica, Estados Unidos y Europa, embarcados en las míticas balsas de totora, como en las que llegaron los antiguos dioses costeños, emprendemos de la mano de Chang, la odisea de la cultura peruana como una parte de la cultura hispanoamericana y como dijo Kavafis: «Rico en saber y en vida como has vuelto, / comprendes ya qué significan las Itacas».

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En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara,

Eugenio Chang-Rodríguez agradece la presentación de

Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia

Damas y caballeros:

Agradezco a Jaime Labastida, Federico Álvarez y a María Ángeles Vázquez su participación en este acto programado por Nancy Elmore, Coordinadora General de Prensa y Difusión de la Comisión Nacional Encargada de la Participación del Perú en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Mi gratitud, asimismo, a los que nos acompañan esta noche; su presencia me llena de regocijo y gratitud.

La génesis de Entre dos fuegos es breve. Después de dictar varias conferencias y participar en homenajes organizados por el Congreso del Perú, su Fondo Editorial me propuso publicar un libro mío. Escogí este volumen, cuyo tema y estructura me los había sugerido Emilio Lorenzo Criado (1918-2002) en la Real Academia Española. Apreciaba y respetaba las opiniones del colega Lorenzo Criado por sus valiosas aportaciones al estudio del castellano y de las lenguas germánicas, pero sobre todo por su generoso reconocimiento a mi Frequency Dictionary of Spanish Words en su discurso de ingreso a la RAE (Utrum Lingua an Loquentes, Madrid: Real Academia Española, 1981, p. 90, n. 55). Otros escritores me alentaron a concluir el proyecto y me ofrecieron su apoyo decidido y entusiasta, particularmente Valentín Paniagua Corazao, Francisco Miró Quesada Cantuarias, Washington Delgado y Jeffrey Klaiber SJ. Leyeron el manuscrito y sugirieron cambios: mi esposa Raquel Chang-Rodríguez, Miguel Maticorena, Juan Mariátegui, Jorge Cornejo Polar, Guadalupe Fernández Ariza, Juan Pascual y Armando Villanueva del Campo.

Al escribir Entre dos fuegos he recurrido a una serie de técnicas para revivir el pasado. Comencé a redactar estas páginas cuando, según Juan Ramón Jiménez, “el hombre comienza a vivir de su pasado”. Como la tercera edad es apropiada para registrar observaciones acerca del camino de la vida y reflexionar sobre profundas experiencias, en este libro reúno sensaciones y emociones que afloran al evocar personas, instituciones y acontecimientos significativos. En vez de inventariar el pasado cronológicamente, evoco centros educativos, organizaciones, instituciones, eventos y personajes que me han influido. A veces, ayudado por notas y documentos, he corregido los fallos de la mente al seleccionar aspectos de lo visto, oído y sentido.

Este libro contiene el testimonio de un peruano, consciente de sus raíces, que se esfuerza para no ser demasiado personal, al contribuir a la memoria colectiva de su generación. Algunas de las imágenes conservadas proyectan visiones del ayer grato e ingrato, rodeadas de ideas y emociones de honda huella. De estas vivencias, he seleccionado impresiones con densidad expresiva sustancial, saturadas de afectividad y matizadas por un horizonte de acontecimientos y personalidades. He tratado de ceñirme al consejo de Joseph Conrad (1857-1924), de no pasar nunca a la línea siguiente, hasta no estar totalmente de acuerdo con lo que se acaba de escribir. He adornado el viaje por mi pasado con reflexiones sobre acontecimientos estimulantes. Mi larga residencia fuera del Perú me ha dado una perspectiva cosmopolita del mundo, especialmente de la patria. Mi nostalgia descubre los murmullos del ayer con muchas evocaciones. He tratado de vencer la voracidad del olvido, que poco a poco carcome sin piedad los recuerdos, según afirma García Márquez en Vivir para contarla. He hurgado en los sótanos de la memoria, consciente de que el tiempo suele dilatarse con el ejercicio mnemónico, como lo sugirió Juan Rulfo. He tratado de darle cohesión a los recuerdos fragmentarios, ordenándolos conforme al curso de las etapas de la vida y los viajes realizados para satisfacer mi hambre de información.

El género confesional (autobiografías, diarios, memorias) suele contener historia y fantasía porque abarca crónicas personales donde descuella la verdad condimentada con ficción. Este libro no pertenece a ese género: lo suscita el deseo de revivir parte de lo almacenado en la mente, sin la intervención de motivos psicológicos. No tiene función sicoterapéutica: responde al simple anhelo de recordar el pasado para revivirlo al contarlo.

Quisiera terminar dando algunas razones que me mueven a compartir estas vivencias. Exento de arrogancia, confieso haber vivido tratando de cumplir el mandamiento asiático de plantar árboles, cultivar el intelecto, fortalecer el espíritu y hacer obras de caridad. Entre dos fuegos es el testimonio de un peruano que ha pasado la mayor parte de su vida en el extranjero, en el curso de la cual ha experimentado lo que el filósofo trasterrado Adolfo Sánchez Vázquez afirmó en 1999: “En el momento mismo que puede regresar, el exiliado descubre, con estupor primero, con dolor después, con cierta ironía más tarde, que el tiempo no ha pasado impunemente y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un exiliado”6. En este contexto, tal vez las reflexiones sobre las experiencias recordadas aquí interesen a quienes leen acerca de la historia de los deportados y peregrinos latinoamericanos. En su redacción, he tenido en cuenta observaciones hechas por algunos desterrados. Mi reacción ante la expatriación se parece a la de Ovidio. Al añorar al Perú, he reflexionado sobre su historia y destino, aunque a veces, imitando a Plutarco, he mitigado el extrañamiento del destierro con una fuerte dosis de cosmopolitismo reparador. Esperanzado en orientar el sentimiento patriótico hacia la ciudadanía mundial, he recordado a William James, quien se acercó a la verdad a través de la relación con su patria.

En varios capítulos, particularmente en el que me ocupo del Perú, he resumido algunas reflexiones sobre mi identidad cultural. En ellos, he desarrollado la premisa de que la conciencia de identidad emana de las culturas que determinan nuestra manera de ser. La identidad nos ha enseñado a hermanarnos con nuestro medio, a poner orden al caos del universo circundante y, sobre todo, a comprender la multiplicidad de nuestros rostros y desvelos. La búsqueda de la peruanidad no contradice la indagación por el cosmopolitismo auténtico; más bien, nos aferra a nuestro ser en el tiempo y en el espacio, con el fin de emigrar de la soledad para abrazar la fraternidad continental. De resultas, he salido del laberinto parroquial para enorgullecerme de mi mestizaje; a la vez, he roto el extrañamiento para ingresar al mundo de realidades, inquietudes y esperanzas. Deseo exteriorizar mis esencias; abandonar el enajenamiento y la otredad, para ser yo mismo, con mis alegrías y desdichas. Tengo conciencia de quién soy y dónde estoy, porque aspiro a poseer un sentido de pertenencia a una comunidad solidaria. Mi cultura es sincrética, plural y heterogénea. En los dos volúmenes de Entre dos fuegos digo por qué.

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Editado por el Fondo Editorial del Congreso

PRESENTAN LIBRO DE LINGÜISTA PERUANO, PROFESOR EN NUEVA YORK

Como una importante contribución a la cultura peruana calificó el Presidente del Congreso de la República, Dr. Marcial Ayaipoma Alvarado, el libro Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia, obra del lingüista peruano de origen chino Eugenio Chang Rodríguez, editado por el Fondo Editorial del Congreso y presentado la noche del miércoles 24 en la ‘Sala Grau’ del Palacio Legislativo.

‘Entre dos fuegos’ es un libro de memorias del historiador sino-peruano, afincado en Nueva York, donde dicta cátedra de lingüística e historia en varias universidades norteamericanas, narradas con gran atención al detalle, que ponen de relieve el hondo compromiso del autor con la vida intelectual.

Las evocaciones personales le permiten a Chang Rodríguez describir episodios culturales significativos, retratar grandes personajes del ámbito del pensamiento y la creación y hacer un dibujo de la vida universitaria norteamericana, donde él es una figura importante desde hace cinco décadas.

En la presentación de la obra, Marcial Ayaipoma destacó que se trata de una edición más del Fondo Editorial del Congreso, cumpliendo uno de los fines del Parlamento como es el de promover y difundir la cultura en nuestro país, en especial las obras de autores peruanos, como Chang Rodríguez, de origen trujillano.

El titular del Legislativo destacó ola importancia de la obra y las ‘reminiscencias’ de China, teniendo en cuenta que la inmigración china a nuestro país se produjo hace más de 150 años, y se incorporó a nuestra cultura, principalmente con sus comidas y sus palabras propias, que fueron incorporadas al castellano peruano, caso de ‘ya-ken-pó’, juego empleado por los jóvenes, que citó a modo de ejemplo.

Ayaipoma insistió que obras como la que motivaba el acto cultural, editadas por el Fondo Editorial del Congreso, son las primeras que buscan los buenos lectores y son las primeras que se agotan, porque cada una de ellas constituye una joya para los, peruanos y para los lectores de exterior.

La obra fue comentada por los intelectuales Francisco Miró Quesada Cantuarias y Juan Ossio, y el embajador de la República Popular China en nuestro país, Yin Hengmin.


OFICINA DE PRENSA – CONGRESO DE LA REPÚBLICA (jvs)

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El Presidente del Congreso de la República tiene el agrado de invitar a usted a la presentación del libro

Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas

y Asia del Dr. Eugenio Chang-Rodríguez

La ceremonia se realizará el miércoles 25 de enero

A las 6 de la tarde en la Sala Grau

del Congreso de la República

Comentarán el libro

Yin Hengmin, Embajador de la República Popular China,

Francisco Miró Quesada Cantuarias y

Juan Ossio Acuña.

Marcial Ayaipoma Alvarado agradece su asistencia

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Discurso en la Sala Miguel Grau

por Marcial Ayaipoma Alvarado, Presidente del Congreso

Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia, el primer tomo del nuevo libro de Eugenio Chang-Rodríguez, trata del Perú, Norteamérica, Latinoamérica y el Lejano Oriente. En sus páginas se entrelazan reflexiones sobre nuestra patria, los países hermanos y varios países de la otra orilla del Océano Pacífico. El doctor Valentín Paniagua acierta al afirmar que “es un testimonio invalorable para entender el Perú y los avatares de su libertad a lo largo del siglo”, y que llega “como fruto en sazón y en la estación debida… para prestigiar al Perú y para enriquecer la cultura peruana”.

En amplio recorrido, nuestro compatriota, catedrático de la City University of New York (CUNY) y director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia, despliega una sólida formación académica. En la obra hallamos conceptos e imágenes sugerentes que realzan la calidad estética de sus contribuciones a la definición de nuestra identidad, al mejor entendimiento de las literaturas hispanoamericanas y estadounidense.

En la parte acerca sobre los EE. UU, se percibe la esencia generadora de su inmenso desarrollo material, científico, tecnológico y cultural. En sus vivencias, desfilan instituciones prestigiosas, como la Universidad de Pennsylvania, el Consejo de Investigaciones de las Ciencias Sociales, la Universidad de Washington, Asociación Internacional de Lingüística, el Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, la Universidad de Columbia, la Organización de las Naciones Unidas, etc. Conferencias, cursos y pesquisas académicas le dieron al autor la oportunidad de recorrer diversos países que le brindaron la oportunidad para reflexionar sobre su civilización y cultura.

La parte dedicada al Lejano Oriente me ha impresionado tanto como al Dr. Francisco Miró Quesada Cantuarias. He apreciado su riqueza en datos y observaciones agudas sobre la historia socio-cultural de la zona. También estoy de acuerdo en que el capítulo sobre China, el país de los ancestros paternos de Chang-Rodríguez, se lleva la palma. Es, por todo ello, muy grato participar en la presentación de este libro publicado por el Fondo Editorial del Congreso del Perú.

En conclusión, la lectura del libro deja tras si una estela de admiración por la fuerza del pensamiento del autor y sus recuerdos aleccionadores. Sus análisis de temas tan fundamentales, como la redefinición de la literatura estadounidense y sus equilibradas comparaciones de los sistemas educacionales, son de significativas aportaciones; aciertan tanto en el diagnóstico como en el prognóstico de problemas trascendentales: socio-políticos, ético-estéticos y filosóficos. Chang-Rodríguez recuerda a catedráticos e intelectuales que iluminaron los senderos de su vida. De la lectura de este volumen se colige que el autor, experto en el estudio del lenguaje, acierta cuando afirma que “la lingüística es la más científica de las humanidades y la más humanística de las ciencias”. La estrategia de recordar con transparencia instituciones, pensadores y anécdotas aflora suave y fácilmente de estas páginas. Sus pláticas con Ciro Alegría, Germán Arciniegas, Wlly Brand, Jorge Luis Borges, Camilo José Cela, Víctor Raúl Haya de la Torre, Guillermo de Torre, Leopoldo Zea y tantas otras personalidades del siglo XX, ayudan a comprender los acontecimientos enmarcados por los dos fuegos del título del libro: la Revolución de Trujillo y los atentados terroristas en Nueva York y Madrid, luctuosos acontecimientos que nuestro autor fue testigo.

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En el Congreso del Perú Eugenio Chang-Rodríguez agradece la presentación de su libro

Entre dos fuegos. Reminiscencias

de las Américas y Asia

Distinguidos miembros del Congreso, del Poder Judicial y del Cuerpo Diplomático, autoridades universitarias, damas y caballeros:

Agradezco su participación en este acto al Dr. Marcial Ayaipoma, Presidente del Congreso de la República, al Sr. Yin Hengmin, Embajador de la República Popular China, y a los doctores Francisco Miró Quesada Cantuarias y Juan Ossio Acuña. Asimismo, expreso mi gratitud al Fondo Editorial del Congreso por su excelente labor y la ayuda que me ha brindado en las varias etapas de la publicación de mi libro. Gracias a todos Uds. por acompañarme; su presencia aquí esta noche me llena de regocijo.

La génesis de Entre dos fuegos es breve. Después de dictar varias conferencias y participar en homenajes organizados por el Congreso del Perú, su Fondo Editorial propuso publicar un libro mío. Escogí esta obra de ensayos, cuyo tema y estructura me los sugirió el lamentado amigo Emilio Lorenzo Criado (1918-2002), a quien apreciaba mucho por sus valiosas aportaciones a la lingüística alemana, inglesa y románica, pero sobre todo por la generosa valoración que hizo de mi Frequency Dictionary of Spanish Words en su discurso de ingreso a la Real Academia Española[1], para ocupar el puesto que dejó vacante Tomás Navarro Tomás (1884-1979). Otros escritores me alentaron a concluir el proyecto y ofrecieron su apoyo decidido y entusiasta, particularmente Valentín Paniagua Corazao, Francisco Miró Quesada Cantuarias, Washington Delgado y Jeffrey Klaiber, SJ.

El libro ha sido escrito con una serie de técnicas para revivir lo acontecido. Comencé a redactarlo cuando, según Juan Ramón Jiménez, “el hombre comienza a vivir de su pasado” y reflexiona acerca del camino de la vida y sus profundas experiencias. Reúno sensaciones y emociones que afloran al evocar personas, instituciones y acontecimientos significativos. En vez de inventariar el ayer cronológicamente, evoco centros educativos, organizaciones, instituciones, eventos y personajes que me han influido. A veces, ayudado por notas y documentos, he corregido los fallos de la mente al seleccionar aspectos de lo visto, oído y sentido hace tiempo.

El libro contiene el testimonio de un peruano que se esfuerza por no ser demasiado personal al intentar contribuir a la memoria de su generación. Algunas de las imágenes conservadas proyectan profundas visiones del ayer, porque he seleccionado vivencias con mayor densidad expresiva, saturadas de afectividad y matizadas por acontecimientos y personas. He tratado de ceñirme al consejo de Joseph Conrad (1857-1924) de no pasar nunca a la línea siguiente hasta no estar totalmente de acuerdo con lo acabado de escribir. He adornado el viaje a mi pasado con reflexiones sobre diversos acontecemientos.

Creo que mi larga residencia fuera del Perú me ha dado una perspectiva cosmopolita. He tratado de vencer la voracidad del olvido que carcome sin piedad los recuerdos. He hurgado en los sótanos de la memoria, consciente, como Juan Rulfo, que el tiempo suele dilatarse por medio de la mnemotécnica. He tratado de darles cohesión a los recuerdos fragmentarios, ordenándolos conforme al curso de las etapas de la vida y los viajes que he realizado.

El género confesional (autobiografías, diarios, memorias) suele mezclar historia y fantasía porque abarca crónicas personales donde descuella la verdad condimentada con la ficción. Este libro no pertenece a ese género: lo suscita el deseo de revivir parte de lo almacenado en la mente, sin la intervención de motivos psicológicos. No tiene función psicoterapéutica ya que responde al simple anhelo de recordar el pasado para revivirlo al contarlo.

He redactado Entre dos fuegos en dos volúmenes. El primero, Reminiscencias de las Américas y Asia, que se presenta esta noche, se divide en cinco secciones. La primera trata del Perú, nuestro país. Incluye testimonios acerca de sus principales ciudades, acontecimientos históricos e instituciones. Reciben especial atención Trujillo y Lima, escenarios principales de la historia peruana de las últimas décadas. “El primer fuego” de estas reminiscencias, es “La Revolución de Trujillo”, la primera ciudad abierta bombardeada por la aviación, un quinquenio antes que Guernica en la Guerra Civil española. Los ensayos siguientes tratan del Centro Viejo, donde César Vallejo enseñó y publicó sus primeros poemas; del Colegio Nacional de San Juan, en cuyas aulas Ciro Alegría recibió clases de César Vallejo; de las Universidades Nacionales de La Libertad, creada por Simón Bolívar, y San Marcos, fundada en 1551. Vienen después otros capítulos sobre algunos aspectos del devenir histórico peruano.

La segunda sección del primer volumen se ocupa de Estados Unidos y Canadá. Recuerdo a las personalidades, universidades y organizaciones con las que me he vinculado. La tercera sección, “Latinoamérica, nación continental”, contiene capítulos sobre las diversas regiones de los países hermanos que he visitado repetidas veces por motivo de investigaciones académicas y citas culturales. La cuarta sección del presente volumen ofrece ensayos acerca de la cultura de Japón, China, Hong Kong, Tailandia y Singapur, redactados antes y después del viaje que realicé a China, invitado por su Academia de Ciencias Sociales. Concluyo este primer volumen con mis reflexiones sobre “el segundo fuego”: los ataques terroristas a los Estados Unidos del 11 de setiembre de 2001, continuados en Madrid el 11 de marzo de 2004, en Londres en 2005, y después en otros puntos del globo.

Espero que el segundo volumen con mis Reminiscencias de Europa y África se publique el próximo año.

Quisiera terminar explicando brevemente por qué comparto estas vivencias. Sin arrogancia, confieso haber vivido tratando de cumplir el mandamiento chino de plantar árboles, cultivar el intelecto y fortalecer el espíritu. Esta publicación es el testimonio de un peruano que ha pasado gran parte de su vida en el extranjero y ha experimentado lo que el poeta filósofo Adolfo Sánchez Vázquez afirmó: “En el momento mismo que puede regresar, el exiliado descubre, con estupor primero, con dolor después, con cierta ironía más tarde, que el tiempo no ha pasado impunemente y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un exiliado”6. Por eso, tal vez este libro interese a quienes leen acerca de la historia de los peregrinos latinoamericanos. Al redactarlo he tenido en cuenta observaciones de Ovidio y otros desterrados. He reflexionado sobre la historia peruana, aunque a veces, recordando a Plutarco, he mitigado el extrañamiento con una fuerte dosis de cosmopolitismo reparador. Esperanzado en orientar el sentimiento patriótico hacia la ciudadanía mundial, he seguido el ejemplo de William James cuando se acercó a la verdad a través de la relación con su patria.

En varios capítulos, particularmente en el que me ocupo del Perú, he resumido algunas ideas sobre mi identidad cultural. En ellos coincido con quienes postulan que la conciencia de identidad emana de las culturas que signan nuestra manera de ser. La identidad nos ha enseñado a hermanarnos con nuestro medio, a poner orden al caos circundante y, sobre todo, a comprender la multiplicidad de nuestros rostros y desvelos. La búsqueda de la peruanidad no contradice la indagación por el cosmopolitismo auténtico; más bien, nos aferra a nuestro ser en el tiempo y en el espacio, con el fin de emigrar de la soledad para abrazar la fraternidad universal. Como resultado creo haber salido del laberinto parroquial para enorgullecerme de mi mestizaje; a la vez, he roto el extrañamiento para ingresar al mundo de realidades, inquietudes y esperanzas. Con el fin de exteriorizar mis esencias he abandonado el enajenamiento y la otredad, para ser yo mismo. Tengo conciencia de quién soy y dónde estoy, porque aspiro a poseer un sentido de pertenencia a una comunidad solidaria. En los dos volúmenes de Entre dos fuegos digo por qué mi cultura, como la de mi patria, es sincrética, plural y heterogénea.



[1] Emilio Lorenzo Criado, Utrum Lingua an Loquentes (Madrid: Real Academia Española, 1981), p. 90, n. 55)

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Casa de América y Embajada de Perú en España

Le invita cordialmente a la presentación del libro de

Eugenio Chang-Rodríguez

Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia

Publicado por el Fondo Editorial del Congreso del Perú

Participan:

Armando Lecaros de Cossío, Embajador de Perú en España

Humberto López Morales, Asociación de Academias de la Lengua

Fermín del Pino, CSIC

M. Ángeles Vázquez, Directora revista Ómnibus y

Eugenio Chang-Rodríguez, Director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia

Día: martes, 20 de junio 2006

Hora: 19,30

Lugar: Casa de América, Sala Cervantes, Pº Recoletos nº 2, Madrid

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http://www.dartmouth.edu/~rcll/rcll6364/6364nave22.htm

Año XXXII, Nº 63-64.
Lima-Hanover,
1º y 2º Semestres del 2006



Reseña 16


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RESEÑAS

Eugenio Chang-Rodríguez. Entre dos fuegos. Reminiscencias de las américas
y Asia.
(Armando Lecaros. Fermín del Pino. M. Ángeles Vásquez.) ………391-396

REVISTA DE CRÍTICA LITERARIA LATINOAMERICANA 391

Eugenio Chang-Rodríguez. Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2005; 528 pp.

[Nota de los editores: En julio último se llevó a cabo en la Casa de América de la capital española, enceremonia auspiciada por la Embajada del Perú en Madrid, la presentación de Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia, con la participación de, entre otros, el Embajador Armando Lecaros de Cossío, el miembro del CSIC Fermín del Pino Díaz y la peruanista María Ángeles Vázquez. A continuación reproducimos parte de sus intervenciones.]

I.

Eugenio Chang-Rodríguez vive hace años en los Estados Unidos, en donde ha desarrollado una intensa labor peruanista, que lo ha mantenido, más que unido, atado a su patria. Pero en la búsqueda de la peruanidad a la que se ha dedicado toda su vida con particular ahínco, ha participado también de un cosmopolitismo intenso,que lo ha llevado a numerosos centros de estudio del mundo, en los que ha incrementado su sapiencia sobre los hechos humanos, en particular el lenguaje, la historia, y, especialmente, los relacionados con el Perú. Profesor de la City University de Nueva York, Chang es también director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia y miembro de tres academias de la Lengua Española (Norteamericana, RAE y Peruana). Entre los temas que domina, la obra de José Carlos Mariátegui es una de sus especialidades, a través de la cual ha profundizado su contacto con el pensamiento latinoamericano del siglo XX. El estudio de la obra del Amauta le ha permitido acercarse a lo más selecto de las ideas que han regido no sólo a Latinoamérica sino al mundo en el siglo pasado. Su origen asiático le ha movido a ir en busca de sus raíces y su entroncamiento con el Perú.

392 RESEÑAS, Nos. 63-64

Conocido internacionalmente como lingüista, disciplina en la que ha adquirido una relevante notoriedad, Eugenio Chang-Rodríguez viajó por primera vez becado a los Estados Unidos, luego de acabar sus estudios en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La dictadura del general Manuel A. Odría y su perversa animadversión con los asiáticos, incluidos los nacidos en el Perú, lo hizo sentar base en Norteamérica, donde dedicó su vida al estudio a fin de mantener su estatus de estudiante y mantener su visa para poder trabajar. Puede decirse irónicamente que Eugenio le debe su brillante carrera, al menos en esa parte, a su exilio. En Estados Unidos siguió estudios de Historia, Ciencias Políticas y Derecho Internacional de los países que hoy en día son de gran relevancia: los de la Cuenca del Pacífico. Empero, las circunstancias lo obligaron a superar la sospechas que los individuos versados en estudios orientales despertaban en la época de las investigaciones antidemocráticas del senador Joseph McCarthy. Eugenio sobrevivió volcándose al estudio de la lingüística, tema que hoy es su especialidad principal. La Universidad de Pennsylvania le dio las facilidades para la preparación y publicación de su primer libro, abriéndole así las puertas del renombre: Las estructuras de las lenguas romances, que incluía un Diccionario de frecuencias del castellano.

Hoy día, luego de una gran trayectoria internacional, Eugenio Chang-Rodríguez ha venido para presentar en la Casa de América su última obra Entre dos fuegos: Reminiscencias de las Américas y Asia, publicada por el Fondo Editorial del Congreso del Perú. Según el filósofo Francisco Miró Quesada Cantuarias, ex Ministro de Educación del Perú, Chang-Rodríguez es “Humanista a carta cabal, en el amplio sentido de la palabra: amante de las letras y las artes y con una actitud de respeto y consideración por todos los hombres del mundo. No escribe únicamente para satisfacer su amor por la ciencia, escribe, también, para construir un mundo mejor.” Para Valentín Paniagua, ex Presidente del Perú, la obra “es un testimonio invalorable para entender el Perú y los avatares de su libertad a lo largo del siglo recientemente fallecido.” Como Embajador del Perú, me complace acompañar a Eugenio en esta oportunidad, porque él mismo es testimonio de la peruanidad y su transcurso en la historia.

Armando Lecaros de Cossío

Embajador del Perú en España

II.

Me gustaría ubicarme para comprender bien su texto en las claves del autor y poder tener la seguridad de interpretarle bien. Es la actitud que pediría mi disciplina de origen para enfrentarse a un actor: colocarme en el lugar del mismo, compartiendo su lenguaje, su estado de ánimo, su horizonte, desde el cual se entienden sus textos como respuestas a un determinado interrogante. Si lo logro, habré cumplido la meta imprescindible entre autor y lector, que el filósofo Hans-George Gadamer (1900-2002), discípulo de Martin Heidegger, hubiera llamado “fusión

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de horizontes”. Porque efectivamente creo que el autor y yo su lector compartimos algunas coordenadas. Yo también, como el autor, me siento una persona plural o –como dice él– “entre dos fuegos”. Porque procedo de Andalucía, pero he desarrollado mi vida académica entre Madrid y otras universidades europeas y americanas. Me muevo, como él, en medio de varias disciplinas. Procedo de las ciencias sociales, a través de mi licenciatura en Ciencias Políticas, pero me dedico principalmente a interpretar fuentes etnográficas del pasado (concretamente, textos castellanos sobre el Antiguo Perú), lo que es un oficio de historiador y filólogo. Desde hace tiempo he venido dedicando gran parte de mi tiempo académico al estudio de problemas referidos al mundo peruano, especialmente al análisis de fuentes claves de la historia andina (como son la del jesuita castellano José de Acosta –o del andaluz Bernabé Cobo, su continuador–, la del abogado castellano Polo de Ondegardo –su fuente principal– o la del ilustre mestizo peruano Gómez Suárez de Figueroa –su glosador más famoso– que necesitó venir a España para consagrarse como prócer de las letras indianas, comentando justamente las cosas reales del antiguo Perú).

Con motivo de un congreso internacional, convocado por la Sociedad Estatal Quinto Centenario en homenaje al Inca Gracilazo y coordinado por mí en el año 1990, volví a ver por segunda vez al propio Eugenio y conocí a su esposa Raquel –ilustre peruanista– participando activamente en él. El sentido de “Entre dos fuegos” –que el autor refiere específicamente a sus conflictos políticos ligados al APRA y a sus orígenes chinos en un país segmentado por prejuicios racistas, y a las dos catástrofes terroristas de las Torres Gemelas y de la estación de Atocha– podría referirse igualmente a su dinámica vida académica, de trasiego entre Perú y Estados Unidos, y dentro de Estados Unidos a su incansable deambular por universidades y campus –dentro de todos los cuales no paraba de luchar contra todo tipo de dificultades y pruebas académicas. También estaba ‘entre dos fuegos’ cuando conciliaba su inextinguible curiosidad intelectual con su ordenada gestión de oficios diversos (docentes, administrativos, de compromisos políticos o diplomáticos, etc.). Fue admirable cómo interpretó su destino de Ministro Consejero Cultural en la Embajada del Perú en Washington, dirigiendo la acción diplomática al intercambio de profesores, a la reclamación de piezas arqueológicas, a la multiplicación de exposiciones arqueológicas y artísticas, etc. En una vertiginosa y compleja actividad (entre la valiente política de reclamación internacional y la tranquila cultura de los claustros universitarios). Incluso, dentro de su predominante ‘oficio académico’ es evidente a quien lea su denso libro que ha estado oscilando incansablemente entre las ciencias sociales y las humanidades. Incluso dentro de las Humanidades, es claro a un lector atento que Eugenio ha combinado con la misma pasión dos saberes textuales, que cabe disociar plenamente: la literatura y la lingüística, el análisis cualitativo de los textos literarios de toda América con la comparación exhaustiva de los usos

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populares del habla, por medios cuantitativos.Por ello mismo, por el posible paralelismo entre nuestras historias académicas (a caballo entre varias disciplinas) es por lo que opto por considerar este libro en su faceta cultural, y especialmente, por su faceta ‘intercultural’. Este sentido doblemente metafórico de ‘andar entre dos fuegos’ lo uso para destacar la posición particular de Eugenio Chang-Rodríguez, al ubicarse exitosamente entre dos mundos previamente ajenos, cuando no enfrentados. Esta faceta ‘intersticial’ y fronteriza es particularmente sensible a un lector como yo, antropólogo de formación: solemos trabajar siempre en las fronteras de los pueblos, en los problemas de identidad y de afirmación de las minorías dentro de las mayorías. Los problemas de identidad se plantean normalmente en el espacio de las fronteras, como dice autorizadamente el maestro Friedrich Barth (1877-1937). La identidad es el otro lado de la otredad, es verdad, pero se alimenta de ella, como referencia contextual. Nada afirma a un grupo más que el contraste con otro.

Eugenio no eligió los estudios de antropología, cuando le ofrecieron en 1951 hacer un doctorado en la Universidad de Arizona –como estuvo a punto de hacer–, sino los de lingüística románica en la Universidad de Washington. Pero Eugenio ha arrastrado desde su nacimiento esa condición de alteridad. Por nacer de ancestros chinos en un país multirracial, donde el otro ha solido ser siempre el indio: contra esta vieja tradición social ha reaccionado especialmente el partido político al que se vio abocado desde su juventud, el APRA. Su ilustre paisano de Trujillo, Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), proponía que se llamara Indoamérica al continente americano, mezclando tal vez –como dice Eugenio– el viejo nombre de las Indias con el nuevo de América; pero eligiendo inconfundiblemente las altas culturas indianas como base de apoyo, y no los elementos importados.

En una América multirracial, el maestro elegía un modelo cultural armónico –donde la ética más rigurosa se trufaba con la política a nivel continental–, siempre bajo el signo de lo autóctono. Las fronteras internas de un mundo plurirracial y conflictivo le convidaron a basar la convivencia en la armonía espiritual, aunque no sin aspirar a conectar ambos mundos, el material y el cultural: “por mi raza hablará el espíritu”, como proponía el maestro mexicano José Vasconcelos (1882-1959]. No es extraño que este mensaje continental y altruista haya suscitado tanta incomodidad nacional a su alrededor, al mismo tiempo que tanta mística interna. De muchos modos, Eugenio Chang buscó lazos salvadores en un mundo de frontera: ya cuando de joven aprendía el inglés por su cuenta, conectándose a las ondas de radio galena, y luego cuando aceptó proseguir sus estudios universitarios en Estados Unidos. Incluso este paso lo dio de la mano de unos universitarios cuáqueros, que también estaban en la frontera del mundo protestante. Eso, tal vez, redime al protestantismo norteamericano de su lastre evidente procedente del Viejo Mundo: haberse constituido sobre la crítica a los propios reformadores. Tal

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vez no aplicó esta filosofía fuera del entorno europeo, dejando a los aborígenes fuera de esta república de hombres libres’, pero en su interior libró una dura batalla, que Europa siempre admiró. Ante esta inconsecuencia, pronto diseñó Eugenio una posición reformadora y crítica en ese mundo de frontera que eran los Estados Unidos, al interior de sus proyectos académicos: cuando eligió como tema de su tesis de maestría, en los años 1940, las reclamaciones de tierra del gobierno mexicano al norteamericano, desde mediados del siglo XIX. Ese gesto le incluyó espontáneamente en las entrañas del mundo chicano de Tucson, que reclamaron sus letras como si fuera un viejo profeta mexica.

También luchó el joven profesor en varios frentes en defensa de la libertad y la democracia continental, aplicando los beneficios sociales norteamericanos al resto del continente, tanto en el campo privado como en el oficial y diplomático. En ese sentido, pudo percibir la grandeza cosmopolita del exilio, en carne propia, como su maestro trujillano D. Víctor Raúl. Exilio, hay que decirlo en su caso, que no fue siempre forzado, sino en el breve período ominoso del general Manuel A. Odría, que le impidió el acostumbrado retorno periódico a su patria. El estuvo en contacto frecuente con republicanos españoles, para conocer de cerca las consecuencias desastrosas de un largo exilio, como cuando se ocupó de los inconvenientes del régimen franquista para los derechos humanos. A cambio, debo decir por haberlos estudiado personalmente, es de notar que los exilados adquieren una moderación en sus propuestas revolucionarias, que tal vez explica la amplitud no partidista de las gestiones sociales de nuestro autor.

Por último, Eugenio eligió nuevamente vivir en un mundo de fronteras, cuando reclamó en diversos congresos lingüísticos dentro del ámbito norteamericano –de los muchos en que ha participado– que el idioma español debía ser estudiado también como lengua nacional, como parte de las lenguas habladas y escritas en los Estados Unidos, no solamente en el presente, sino desde sus tiempos fundacionales. Es de ahí que resulta coherente su ‘hispanismo’ final, a pesar de que aparentemente Eugenio no se reclama hispanista sino americanista o, en todo caso, humanista. En este sentido, su pertenencia fundacional a la Academia Norteamericana de la Lengua Española en 1974, y su elección para formar parte del Comité Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española hasta hoy, es lo que confirma que se trata de un trujillano universal, de un emigrante que recuerda sus orígenes, y que no renuncia a ninguna de sus herencias culturales. Porque reclama desde hace una generación que los Estados Unidos –el tercer país hispanohablante– tome el español como lengua materna.

Estoy seguro que, en medio de las recientes manifestaciones hispanas en la calles de Nueva York –a las que pude asistir yo también, como testigo sorprendido– Eugenio Chang-Rodríguez no tendrá dudas en medio del debate nacional suscitado, con repercusiones en las más altas esferas, él apoyará que el himno de las barras y estrellas se cante también en español. Precisa

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mente como muestra de su bien probada coherencia intelectual, al mismo tiempo democrática y republicana.

Fermín del Pino

Consejo Superior de Investigaciones Científicas – Madrid

III.

Eugenio Chang-Rodríguez viene desarrollando desde hace años una paciente labor de investigación que abarca a lo largo y ancho todos los matices de la cultura peruana e hispanoamericana. Muchos de sus trabajos son considerados piedras de toque para el conocimiento de la compleja diversidad del pensamiento peruano.

El libro Entre dos fuegos:Reminiscencias de las Américas y el Asia, es una cartografía de la cultura hispanoamericana: la invitación a un fantástico viaje. Es también la historia personal y el «testimonio de parte» –como dijera Mariátegui–, de la trayectoria seguida por la cultura peruana en los casi últimos cien años y como todo viaje, tiene mucho de odisea. Eugenio Chang-Rodríguez, actor y testigo de excepción, a la manera de los viejos maestros positivistas, nos lleva a través de sus páginas desde la que puede considerarse la primera revolución del Perú en el siglo XX, hasta los atentados terroristas de Nueva York, Madrid y Londres.

Desde el Trujillo de 1932 al mundo globalizado de hoy, la cultura peruana, con todo el peso de su ancestralidad, ha ido desarrollándose y evolucionando, recibiendo influencias e influyendo y agregando su acerbo al desarrollo cultural de la humanidad. La travesía comienza en las aulas de los colegios hasta llegar a los claustros universitarios del Perú, el viaje de los conocimientos va recibiendo la afluencia de instituciones e intelectuales que van signando su curso. San Marcos, la universidad más antigua de América, es la primera y gran estación de este itinerario. Chang, al igual que generaciones anteriores y posteriores a la suya, es partícipe de la actividad académica que caracteriza a esta universidad y al esfuerzo de sus estamentos por mantenerla a la vanguardia del trabajo intelectual.

La revelación de sus vivencias y experiencias conforman ya un nuevo capítulo de la larga historia sanmarquina, escrita por autores tan significativos como Raúl Porras Barrenechea o Luis Alberto Sánchez. Sin perjuicio en el uso de un lenguaje conceptual y riguroso obligado en trabajos de esta envergadura, en la visión que nos ofrece el autor, se funden la emoción de lo vivido y la objetividad del especialista. Construye así a lo largo de su investigación una perspectiva poliédrica con la que conforma una cartografía por la que transita la cultura en habla hispana.

En este interesante y valioso testimonio que es Entre dos fuegos… hay que poner especial énfasis a los años en que la historia del Perú está signada por las ideas de Víctor Raúl Haya de la Torre y el partido que funda, el APRA, y su influencia en los sectores sociales y la política de su país. Trujillano de nacimiento, Eugenio Chang es testigo vital e intelectual de la génesis y evolución histórica de este pensamiento. Y este recorrido nos lleva a uno de los momentos más brillantes y efervescentes de la

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cultura intelectual y artística del período. Son los años que Luis Alberto Sánchez designa como la «belle époque», en la que están comprometidos pensadores de la talla de Abraham Valdelomar, César Vallejo, José María Eguren, Alberto Hidalgo o Antenor Orrego, de quien el autor ha publicado un excelente trabajo. Capítulo aparte, en un momento en que los investigadores peruanos vuelven su mirada hacia la historia de la emigración china, los aportes de Chang-Rodríguez, de ascendencia sinoperuana, acceden al registro biográfico a partir de una documentación probada, por lo que sirve de base para aquellos historiadores que deseen avocarse a este tema, sobre el que hay todavía mucho que investigar. En lo esbozado por Chang en estas páginas se nos muestran los beneficios del trabajo de los sinoperuanos en el campo de la historia, la educación, la pintura, arqueología, etc. Por citar sólo algunos nombres, el antropólogo e historiador Emilio Choy, el filósofo Víctor Li Carrillo y escritores como Siu Kam Wen o Mario Wong. Agregamos por supuesto a estos nombres a nuestro hombre de hoy. Sus extensas e informativas notas al pie, y en general los datos exhaustivos que nos ofrece el texto, no dejan de ocultar un cálido contenido. El análisis reflexivo con que son examinados hechos complejos se corresponden con la agudeza con que Chang desliza momentos históricos fundamentales en la historia. En definitiva, una colorida cartografía de la cultura hispanoamericana.

Pero Entre dos fuegos..., desplegada con un sesgo tan personal como atractivo, nos habla también del viaje de la cultura peruana al mundo anglosajón como una parte de lo hispanoamericano. Un viaje que hay que entender como la diáspora de muchos intelectuales y artistas, de la migración, que como fenómeno social es común a los países del Hemisferio Sur y de un proceso de integración que está aún en fase de consolidación. Esto puede resumirse, –en palabras de Eugenio Chang-Rodríguez, en la introducción al libro–, como el «testimonio de un peruano exiliado, consciente de sus raíces, que se esfuerza para no ser demasiado personal, al contribuir a la memoria colectiva de su generación», para continuar diciendo que también es «el testimonio de un peruano que ha pasado la mayor parte de su vida en el destierro». Al enfocarlo de esta manera, no solo nos está refiriendo sus vivencias y experiencias, sino la de todos aquellos que han elegido o se han visto obligados a vivir en el exilio.

Desde las murallas de Chan Chan, capital del antiguo reino Chimú, pasando por Asia, Hispanoamérica, Estados Unidos y Europa, embarcados en las míticas balsas de totora, como en las que llegaron los antiguos dioses costeños, emprendemos de la mano de Chang-Rodríguez, la odisea de la cultura peruana como una parte de la cultura hispanoamericana y como dijo Kavafis: “Hoy que eres sabio, y en experiencias rico, / comprendes qué significan las Ítacas”.

M. Ángeles Vázquez

Directora de Ómnibus

Presidenta de la Asociación Cultural La Mirada Malva

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XXXVI CONGRESO del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (I.I.L.I.)

PALABRAS E IDEAS: IDA Y VUELTA

Génova 26 de junio 1 de julio 2006

PALAZZO DUCALE

Sala del Maggior Consiglio

Sala Fondazione Colombo

Sala Accademia Ligure Scienze e lettere

Presentación del libro

ENTRE DOS FUEGOS. REMINISCENCIAS DE LAS AMÉRICAS Y ASIA de Eugenio Chang Rodríguez

(Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2005)

Participan:

Giuseppe Bellini (Universidad de Milán)

Pier Luigi Crovetto (Università degli Studi di Genova)
Mabel Moraña (
Washington University, Saint Louis, Mo)

Eugenio Chang-Rodríguez (City University of New York, CUNY)

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EUGENIO CHANG-RODRIGUEZ:

Entre dos fuegos. Reminiscencias de las Américas y Asia

Lima, Fondo Editorial del Congreso del Parú, 2005, pp. 528.

Giuseppe Bellini

(Universidad de Milán)

Tan conocido es el autor del libro que aquí presentamos que ilustrar su figura a los presentes es repetir lo que todos bien saben: su personalidad de estudioso ante todo, como catedrático en varias Universidades norteamericanas, su presencia constante en muchas de las más prestigiosas Universidades de Europa y del resto de América, su categoría de Miembro destacado de numerosas Academias, su presencia determinante en numerosos Congresos Internacionales, su actividad de lingüísta y estudioso de la literatura en sus variados géneros...

Podría seguir añadiendo títulos y méritos, pero creo que en Eugenio Chang-Rodríguez hay que subrayar, en particular, con el valor de su actividad intelectual, su carácter bondadoso, el sentido amplio, sincero de la amistad, la natural disposición hacia quienes entran en contacto con él, disposición por otro lado compartida por su ilustre esposa, Raquel, estudiosa sin cuyos aportes sensiblemente hubiera quedado pobre el conocimiento de la literatura hispanoamericana y en especial de la peruana virreynal.

Mi tarea es ahora la de ocuparme de este nutrido libro que Eugenio ha dado últimamente a la imprenta, respaldado en su empresa por el Congreso del Perú, su patria. Según se colige, se trata de un primer tomo que introduce al lector en los años formativos del personaje, en la progresión hacia su plena realización, como ciudadano y como estudioso, período que se desarrolla, como indica el subtítulo del libro, “entre dos fuegos”, o sea va desde los años de la revolución trujillana de 1931, hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York. O sea toda una vida, que el autor puntualiza entre política y cultura, aludiendo a un miríada de hechos y personajes con los cuales entró en contacto, mantuvo amistad o relaciones de trabajo, y que fueron ahora maestros, ahora compañeros, ahora amigos de toda la vida. En este sentido adquiere significado un sinnúmero de páginas del libro, que se transforma en memoria histórica no sólo de acontecimientos, sino de cultura y va relatando el trayecto de las grandes instituciones culturales del país donde el exilio lo llevó y donde se formó y construyó su personalidad y realizó su carrera de estudioso y se desarrolló su curso de honores: Estados Unidos.

La memoria de don Eugenio se presenta en el libro formidable: no hay acontecimiento en el que tuvo parte que no esté evocado puntualmente y junto con los nombres de los personajes considerables presentes o de los amigos, viejos y nuevos. El hispanismo y el hispanoamericanismo internacionales encuentran en estre libro todo lo que se necesita para realizar su historia, y al mismo tiempo hace posible apreciar el incansable trabajo promocional de uno de sus más destacados representantes.

Valentín Paniagua Corazao, ex Presidente constitucional del Perú, presentando el libro de Eugenio recuerda que Raúl Porras Barrnechea destacaba como notas dominantes del alma peruana y de su expresión literaria la “tendencia evocativa y una actitud de ternura hacia el pasado, mezclada de ironía y nostalgia”. Ciertamente que las hay en este libro evocativo, pero el mismo Paniagua pone el acento sobre el rigor de su autor, “observador acucioso y sensible”, que “describe y descubre a través de sus reminiscencias, el sentido profundo de su propia vida y de la historia que le ha tocado vivir”.

También interesante es la distinción que hace Miró Quesada Cantuarias, ex ministro de Educación del Perú, en su “Prólogo”, entre el detallismo de Proust y el de Eugenio: el primero “habla sobre sí mismo”, el segundo “habla sobre las cosas mismas”, las del mundo, y las cosas “se proyectan sobre su visión del mundo”. Distinciones aceptables, pero más vale la palabra del mismo Chang-Rodríguez, el cual en su introdución subraya como la memoria es un depósito de experiencias y “su huella marca nuestra existencia, conforma nuestra identidad cultural y alimenta la conciencia”.

El trayecto humano y cultural de Eugenio Chang-Rodríguez lo determina, al fin y al cabo, el destierro, debido a motivos políticos, pero él no se transforma en exegeta del mismo, sino que su escritura se propone, como García Márquez en Vivir para contarla –el acercamiento es suyo-- “vencer la voracidad del olvido, que poco a poco carcome sin piedad los recuerdos”. En otras palabras: como todo libro que recuenta una trayectoria vital, hay un motor determinante y es la nostalgia. A un entrevistador que le preguntaba si había hecho un gran esfuerzo para evitar la nostalgia, Eugenio respondía justamente: “La nostalgia es uno de los motores que me ha impulsado a escribir el libro porque, después de todo, confieso que he vivido agradablemente y que he cumplido el axioma chino de plantar un árbol, escribir un libro y satisfacer las ansias de adquirir más conocimiento”.

Numerosas y detalladas son las secciones de Entre dos fuegos: en ellas el lector da la vuelta al mundo, partiendo de un “lugar del alma”, diría, para regresar al mismo, y es, con el Perú, su remota ascendencia china. Es esto que un curioso como yo ha ido siguiendo con atención, porque este Chang ha quedado para mí siempre misterioso. Y ahora se me aclara: Eugenio nos cuenta, en unas páginas de sus memorias, detalles sobre sus orígenes, su familia de inmigrados al Perú, con todas las vicisitudes que comportó la diferencia racial en un país por parte considerable de su historia sometido intolerantes formas de gobierno, y no menos en los Estados Unidos en ciertas épocas, pero lo hace con mesura, sin pretensiones a transformar las personales desaventuras en heroismos.

De particular singnificado para mi curiosidad resulta la cuarta parte del libro de Eugenio, titulada “Asia, cuna de grandes civilizaciones”. Es aquí donde con orgullo el autor afirma su pertenencia; lo que trasluce inmediatamente desde las primeras líneas del texto, donde afirma que Asia es el más grande de los seis continentes, que Europa es una península asiática y que el continente Asia se extiende, prácticamente a lo largo y ancho del mundo, llegando hasta Australia y Nueva Zelanda, y por el estrecho de Bering hasta Norteamérica. Lo que bien sabemos, pero que aquí implica ciertamente una suerte de reivindicación personal.

Vale la serie de recuerdos de visitas a Japón, China, Tailandia, Hong Kong y Singapur a darnos una idea de lo que significa íntimamente Asia para Eugenio Chang-Rodríguez, quien nos ofrece, sintéticamente y con equilibrio, de los varios países su historia hasta nuestros días, destacando sus vicisitudes, con observaciones mesuradas y convincentes.

La alusión dolida al “segundo fuego” concluye el libro, no sin denunciar como una las “peores consecuencias” del atentado a las Dos Torres, el hecho de que “alimenta los antagonismos religiosos y étnicos, el odio que conduce a la venganza y la ‘limpieza’ étnica”, a la incomprensión hacia el mundo islámico, dividiendo el mundo “dicotómicamente, entre buenos y malos, entre progresistas y decadentes”. Con la consecuencia personal, frente a los atentados terroristas –Nueva York, Madrid, Londres-- que quien sobrevive tiene la memoria “agazapada entre escombros de imágenes, sonidos, olores, rostros” y acaba por perder la esperanza en el futuro. Escribe Eugenio: “Así como después del ‘primer fuego’ de la Revolución de Trujillo dejé la inocencia de la niñez, después del ‘segundo fuego’ me es difícil ser el optimista ciudadano del mundo”. Estado de ánimo que no podemos dejar de compartir.

Entre dos fuegos es un libro que involucra con la historia de su autor mucho también de la nuestra personal, debido a las muchas veces que hemos coincidido, en América y Europa, en reuniones y congresos, con la pareja imprescindible de los Chang-Rodríguez, con los cuales el aprecio intelectual ha ido a la par con la amistad más sincera.


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