sábado, 2 de enero de 2010

Poética e ideología en José Carlos Mariátegui

Eugenio Chang-Rodríguez, Poética e ideología en José Carlos Mariátegui (Madrid: José Porrúa Turanzas, 1983), x + 238 pp.

Carlos Jonson, “Desde Nueva York: Chang-Rodríguez: gonzálezpradista y mariateguista”, Suplemento Dominical de El Comercio (Lima), 18 de diciembre de 1983.

Chang-Rodríguez… es un peruano que ha desplegado una labor didáctica en los Estados Unidos digna de encomio, como catedrático de varias universidades americanas, fundador numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y académico correspondiente de la Real Academia Española. La Universidad Federico Villarreal le otorgó el doctorado honoris causa y la de San Marcos el profesorado honorario… Ahora… trataré de dar una idea sucinta pero clara de este literato y crítico que no se queda en la periferia haciendo malabares con los vocablos sino que profundiza y mete el bisturí a fondo con el fin de entregarnos una obra acabada de profesional a carta cabal. En su último libro Poética e ideología en José Carlos Mariátegui, Chang-Rodríguez realiza un estudio completo del opus mariateguiano rastreando sus primeros comienzos, su famosa Edad de Piedra, los cuales no han sido verdaderamente estudiados puesto que no se le considera un aporte indispensable para adentrarnos en el hombre Mariátegui…Hay que tomar en cuenta, que el autor de Poética e ideología (repárese en el mismo título de la obra) deslinda con mucha sagacidad las dos vertientes del hombre Mariátegui: a) la creadora, donde nos muestra al poeta, al cuentista, al periodista y al dramaturgo; y b) la ideológica, en la cual sobresale el pensador, seguidor de las ideas anarquistas de González Prada y marxistas de Georges Sorel y Carlos Marx. El autor subraya: “Para evaluar la obra total de Mariátegui se necesita tener en cuenta la interrelación entre su periodismo y su evolución ideológica. Descartar la principal de sus ocupaciones es ignorar una de las fuentes de su preocupación intelectual y estilo. El diarismo le dinamizó el verbo, le proveyó de sustantivos precisos, adjetivos exactos, sintaxis fluida, y le ayudó a conformar su ars poetica”. [. . .]

¿Cual fue, luego, en síntesis, la contribución más grande del Amauta, del espíritu poético e ideológico latinoamericano a su país, el Perú? Escuchemos a Chang-Rodríguez: “La originalidad de Mariátegui radica, precisamente, en llegar al marxismo sin abandonar su contacto con la realidad peruana y su adhesión al pensamiento de González Prada y Sorel. Su marxismo ‑‑ecuménico y nacionalista a la vez‑‑ concordó con sus necesidades espirituales y acogió lo que en su criterio beneficiaría a su patria”.

Ricardo González Vigil, “Los mejores libros de 1983”, Suplemento Dominical de El

Comercio (Lima), 1º de enero de 1984, p. 16.

Como todos los años, ofrecemos un recuento selectivo de la producción bibliográfica. Tentativa, provisional, pero útil como guía y testimonio palpitante estado de la cuestión efectuado al calor mismo de las tendencias creadoras y críticas dominantes…

CRITICA: Varias muestras de interés: Contra viento y marea (Barcelona: Seix Barral) de Mario Vargas Llosa; Sobre literatura y crítica latinoamericana (Caracas: Universidad Central de Venezuela) de Antonio Cornejo Polar; Poética e ideología en José Carlos Mariátegui (Madrid: Porrúa Turanzas) de Eugenio Chang-Rodríguez. Los exilios interiores: Una introducción a Martín Adán (Mosca Azul) de Mirko Lauer; The Poet in Peru (Liverpool) de James Higgins; y Cuatro grandes escritores y el mundo judío de Jorge Dajes-editor. Recomendamos, igualmente, el Homenaje a Luis Alberto Sánchez (Madrid, Ínsula), con 34 colaboradores; el número 11-12 de la Revista de la Universidad Católica Perú, con 13 colaboradores y la edición del Cancionero peruano del siglo XVII (Universidad Católica), a cargo de Raquel Chang-Rodríguez.

Jorge Salazar[1], “Chang-Rodríguez el mandarín del norte”, Caretas (Lima), 16 de enero de 1984, pp. 40-42.

“Trujillano e hijo de cantonés y una linda muchacha del norte, Eugenio Chang-Rodríguez, crítico literario y lingüista de prestigio internacional, es uno de esos peruanos ‑‑nadie es profeta en su tierra‑‑ que se ha hecho en el extranjero y destacado en múltiples quehaceres intelectuales. Director del Seminario Latinoamericano de la Universidad de Columbia (Nueva York), ha sido también profesor en las universidades de Washington, Pennsylvania y Southern California, dándose tiempo para ser presidente de la Asociación Lingüística Internacional, fundar la Academia Norteamericana de la Lengua Español y pertenecer al directorio de la Liga Internacional de Derechos Humanos, órgano consultivo de las Naciones Unidas. . .

Mariátegui un religioso

Chang-Rodríguez … marchó becado a los Estados Unidos… Desde entonces vive en ese país dedicado en forma exclusiva a la enseñanza y la investigación lingüística y literaria. Ha publicado veinte libros que sirven de textos de referencia en las principales universidades del mundo: La literatura política de González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre (1957), La América latina de hoy (1961), Frequency Dictionary of Spanish Words (1964), Latinoamérica su civilización y su cultura (1983) y más recientemente, Poética e ideología en José Carlos Mariátegui. Es precisamente con este último volumen que Chang-Rodríguez, buceando en la vida y constantes del pensador peruano, nos da facetas inéditas del quehacer estético del Amauta. Y más aún. Parte del libro está llamado a demostrar que la compleja personalidad de Mariátegui, por razones de interés partidario ha sido encerrada en una especie de piel que ya le va quedando pequeña. Así, Chang-Rodríguez piensa que con respecto a Mariátegui, tantas veces tergiversado, no hay más remedio que hacer borrón y cuenta nueva.

Mariátegui y la teología de la liberación

---¿Por qué ha elegido a Mariátegui? ¿Qué lo lleva a estudiarlo?

--- “Para mí, como para muchos peruanos de mi generación, José Carlos Mariátegui es un hombre fundamental no sólo para comprender los vaivenes de la política actual, sino para adentrarnos en una tradición de esfuerzos que se han hecho para arremeter contra el orden de injusticias que ha primado en el Perú, desde siempre. Es a partir de allí que enfoco a Mariátegui. Quiero decir que no soy ajeno al reconocimiento al que se ha hecho merecedor por lo formidable de sus trabajos. Pero hay dos peros. El primero: que Mariátegui, pese a su considerable producción artística ha sido estudiado más desde un punto de vista político. Y la segunda atingencia radica en que la mayoría de los trabajos que se han hecho sobre su actuación política solamente han considerado su actuación y pensamiento de la última década de su vida, es decir de los años entre 1920 y 1930. Bien, yo creo que si nos vamos más atrás, es decir, si lo estudiamos más integralmente, encontramos a un escritor con algunas constantes: religiosidad, antipositivismo romántico, irracionalismo filosófico y herejía creadora ...”

---¿Es ese un cuestionamiento del Mariátegui, símbolo comunista?

--- Hace poco conversé sobre este tema con el secretario general del PCP, Jorge del Prado, mi amigo. Él discrepa de mi estudio e interpretación pero yo me remito a las pruebas de la historia. Mariátegui nace en un hogar católico. Creció como todos los niños de su época, entre rezos y oraciones. El catecismo, el misal y otros libros devotos siempre lo acompañaron, tanto que ya en La Prensa publica dos artículos sobre el fervor religioso limeño: “La semana santa de Lima” y “La procesión tradicional”. Datan de 1914. Otra manifestación de la religiosidad de Mariátegui la tenemos en 1916, cuando hace un retiro de tres días en el Convento de los Descalzos”… Mariátegui nunca deja de ser religioso. Abraza el marxismo, cierto, pero lo espiritualiza. Esto lo notamos muy bien cuando habla del factor religioso en la historia social del Perú. La religiosidad de Mariátegui se proyecta hacia su vinculación con la política y el marxismo, preparando así el camino de lo que hoy conocemos como la teología de la liberación.

Jeffrey Klaiber, S. J., “Reseña”, Histórica (Lima) 8.1 (julio de 1984): 97-101.

En sus múltiples escritos, José Carlos Mariátegui frecuentemente alude al “mito de la revolución”. Seguramente, el Amauta no esperaba que algún día él mismo fuera convertido en un mito. En el Perú el afán de estudiar a Mariátegui ha adquirido las características de una misión de alta prioridad, porque forma parte de un quehacer colectivo para descubrir o reformular la propia identidad nacional. En torno a la figura de este original pensador se han producido muchas obras, pero lamentablemente, algunas de ellas, no han hecho sino mitificar y distorsionar su imagen. En cambio, en esta nueva obra sobre el Amauta, Eugenio Chang-Rodríguez ha hecho un aporte verdaderamente científico y constructivo. Un tema central en el debate en torno a Mariátegui es el período de su juventud, que en alguna oportunidad él mismo calificó su “Edad de Piedra”… Mariátegui consideraba su obra literaria anterior a su viaje a Europa en 1919 como inmadura o tal vez romántica.

… Para Chang-Rodríguez, la juventud de Mariátegui es más que interesante: es decisiva para el debate. Su tesis fundamental es que sólo se conoce a Mariátegui a la luz de sus años de formación. Esta concepción “totalista” del Amauta y de su obra inspiró al autor a realizar el presente trabajo, para “apuntar hacia una visión integral de la vida y obra de José Carlos Mariátegui.”.

El autor, que lleva años profundizando temas en torno al fundador del socialismo en el Perú desde su monumental obra, La literatura política de González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre (México, 1957), subraya por lo menos seis elementos en el joven Mariátegui que posteriormente perduraron en su personalidad e influyeron en su obra intelectual: su acentuada religiosidad; su antipositivismo romántico; su irracionalidad filosófica (la predilección por autores como Nietzsche o Sorel); su antipatía al academicismo tradicional; su exaltación del heroísmo y su herejía artística.

Por lo tanto… Chang Rodríguez opta claramente por la tesis de que Mariátegui no solamente no renunció a la obra de su juventud, sino que mantuvo a lo largo de toda su vida ciertas cualidades que caracterizaban sus esfuerzos juveniles: un espíritu inquieto, un humanismo abierto y un agudo sentido crítico. Según esta interpretación, Mariátegui no cambió radicalmente, sino que maduró y evolucionó. La “Edad de Piedra” se refiere, más bien, a cierto estilo afectado, resultado de su contacto con el mundo aristocrático limeño de ese entonces (la etapa del Turf y de Colónida).

La búsqueda del joven Mariátegui tiene implicaciones importantes para la actual discusión entre mariateguistas de todas las tendencias: marxistas, apristas y cristianos. Fundamentalmente se trata de descubrir al verdadero Mariátegui y liberar su imagen de las distorsiones ideológicas de un pensamiento propio de ciertas corrientes interesadas en inventar un Mariátegui según sus propios gustos. El debate tiene cierta analogía con el descubrimiento del joven Marx. Para los leninistas y estalinistas, el verdadero Marx fue el autor de Das Capital, un pensador científico y fríamente lógico, libre de los prejuicios románticos y las visiones utópicas del idealismo hegeliano. En cambio, para los marxistas que están disconformes con la sociedad monolítica y gris creada por Stalin, y satirizada en la novela 1984 de George Orwell, el joven Marx es el auténtico. Para ellos, Marx fue un filósofo o humanista, fundamentalmente preocupado en el hombre por encima de sistemas económicos o determinismos fatales: el Marx que escribía acerca de la alienación y deshumanización. […]

Al plantear la tesis de que hay un solo Mariátegui, Chang-Rodríguez ofrece un aporte de gran valor al debate y al mismo tiempo lanza un reto... sugiere que Mariátegui, que fue explícitamente religioso en su juventud, nunca renunció absolutamente a este sentimiento primordial. El autor desarrolla la idea interesante de que Mariátegui fue un precursor de la corriente llamada teología de la liberación. Para ciertos intelectuales dogmáticos, la religión es el “opio de los pueblos”. Sin embargo, esta frase representa el juicio de un pensador europeo del siglo XIX. Mariátegui tuvo la intuición intelectual y la valentía, de superar ese positivismo anticlerical y reinterpretar el factor religioso descubriendo en él una fuerza para la futura revolución. El Mariátegui de 7 ensayos no fue, por lo tanto, un “científico” que había superado los romanticismos de su juventud y en particular del sentimiento religioso. Más bien, fue un humanista, por cierto más crítico y con una visión más amplia de la vida, profundamente preocupado por la importancia de integrar en una nueva síntesis intelectual la religiosidad de su juventud y de su pueblo, con su nueva “fe” socialista. [. . .]

Para algunos, “marxista” y “humanista” son términos incompatibles. Chang-Rodríguez propone que en Mariátegui eran compatibles, tal vez porque fue un marxista ecléctico y, por ende, heterodoxo. En la época de Stalin, semejante libertad de criterio fue imperdonable. Para muchos, hoy, esta obra de Chang-Rodríguez confirmará con sólido fundamento su creencia de que Mariátegui fue un genuino humanista. Para otros que no conocían esta faceta del pensador socialista, esta obra es imprescindible. La amplia bibliografía comentada al final de la obra, con la producción de Mariátegui y lo que sobre él se ha escrito, es un excelente instrumento para seguir profundizando el pensamiento de un hombre que desempeña un papel central en la historia contemporánea del Perú.

Américo Ferrari, “Poética e ideología en José Carlos Mariátegui”, Rassegna Iberistica 21 (diciembre de 1984): 49-52.

Hay que agradecer ahora a Eugenio Chang-Rodríguez… el haber sacado de la sombra la obra literaria y en particular poética del joven Mariátegui (sean cuales fueren sus defectos técnicos) y el haber recalcado su importancia en la trayectoria espiritual del escritor. Y desde el título, se anuncia la originalidad crítica y metodológica… se trata de iluminar la estrecha relación entre la estructura política y religiosa y la proyección política e ideológica del pensamiento de Mariátegui. La empresa valía la pena, y la obra del fundador de Amauta se nos revela ahora en una dimensión más rica, más compleja y sin duda más contradictoria y más agónica también.

Mariátegui recalcó siempre el carácter agonista de su pensamiento y no disfrazó nunca, como tampoco lo disfrazó Nietzsche, ni el mismo Marx, sus aspectos contradictorios. Esto en la obra expuesta y asequible al público y que, grosso modo, comprende los siete años que van de su regreso de Europa en 1923 a 1930, año de su muerte. Pero esta etapa de la producción mariateguiana fue precedida de lo que el propio Mariátegui dio en llamar despectivamente su “edad de piedra”, que ocupa en la vida del escritor un período cronológico aproximadamente igual (1911-1919), y en la que Chang-Rodríguez encuentra 921 títulos entre crónicas, cuentos, poemas, dramas y artículos de crítica literaria y arte. Pese a su escaso valor estético, el autor califica esta obra de “considerable y significativa”. Y el análisis que hace de algunos textos seleccionados entre esta voluminosa producción, persuade al lector de que es significativa y considerable no sólo por su volumen, sino también por la luz que arroja sobre la gestación del pensamiento más maduro del ensayista peruano. En este sentido, el análisis se apoya en una declaración de Mariátegui: “He madurado más que he cambiado. Lo que existe en mí ahora existía embrionaria y larvadamente cuando yo tenía veinte años (p.117). Al conectar y contrastar las dos épocas, Chang-Rodríguez pone de relieve dos fenómenos igualmente importantes para la comprensión cabal del pensamiento mariateguiano: la unidad del tema vital subyacente en todo su proceso creativo de 1914 a 1930, por una parte, y las tensiones y conflictos que, por otra parte, ponen a prueba desde el viaje a Europa, un pensamiento en movimiento constante; esta tensión, si bien no se resuelve (y ahí radica sin lugar a dudas la agonía) se mantiene heroicamente en un equilibro que cobra forma en un proyecto original: Mariátegui parece aspirar a conciliar la poesía y la ciencia, la religión y la revolución social, la mística y la economía, el nacionalismo y el ecumenismo. Es indudable que el intento de fusión de términos tan heterogéneos da a menudo a la obra un aspecto heteróclito. Pero sería impropio compararla con un simple mosaico. Raramente la fusión degenera en confusión, y la obra resulta, pese a todo, coherente: la demostración de que las raíces de esta coherencia se encuentran en el pensamiento de un determinado número de constantes es uno de los grandes méritos del trabajo de Chang-Rodríguez.

. . . Estudiando y relacionando la obra de la “edad de piedra” y la obra ulterior, Chang-Rodríguez encuentra seis constantes: 1) profunda religiosidad, 2) antipositivismo romántico, 3) irracionalidad filosófica, 4) antipatía al academicismo tradicional, 5) exaltación del heroísmo, y 6) heterodoxia. Su fuerza es tal –dice el autor‑‑ que “cuando Mariátegui recibió en Europa nuevas influencias ideológica y estéticas, las conforma a sus marcadas preferencias. Aquí radica, a nuestra manera de ver, la clave para comprender a cabalidad la originalidad del pensador peruano” (p.80).

De estas constantes, las más decisivas para la evolución de la obra nos parecen ser la primera y la última. Son ellas las que en última instancia condicionan la vida romántica del mundo, así como la hostilidad al racionalismo y al academicismo, y permiten por consiguiente… poner en ecuación la ideología y la poética. Los capítulos más importantes en este sentido son el 2: “La literatura de la ‘Edad de piedra’”, el 3: “Religión y revolución”, el 4: “La superación del anarquismo” y el 7: “Poética y marxismo”. En todos ellos resaltan al mismo tiempo la religiosidad y la heterodoxia del Mariátegui de los años juveniles y del Mariátegui maduro: la primera impregna su socialismo de un espiritualismo de marcado origen cristiano, y la segunda lo desorbita del dogma establecido: del católico, pero también del marxismo.

Chang-Rodríguez rastrea las manifestaciones del espíritu religioso de Mariátegui, tanto en su vida (retiro en el Convento de los Descalzos en 1916) como en sus cuentos y poemas juveniles. Haciendo un análisis estilístico de algunos cuentos publicados en 1915 (“La señora de Melba”, “El baile de máscaras” y “El hombre que se enamoró de Lily Gant”) el autor subraya la presencia constante de estructuras ternarias y una obsesión del número tres (observemos que la misma obsesión se encuentra en Vallejo, sobre todo en Trilce)… Se puede colegir que la sensualidad –evidente a través de los tópicos modernistas que esmaltan la literatura de la “edad de piedra”‑ sufrió un proceso de inhibición, mientras que el temple místico se fortaleció y se depuró y, laicizándose, se plasmó en una mística de la revolución y de la historia… expone todo este itinerario espiritual del pensador peruano sin ocultar sus contradicciones ni sus lagunas. Al hacerlo asedia el núcleo poético en torno al cual se expande la ideología del autor de los Siete ensayos.

Guillermo Niño de Guzmán, “Reseña: Poética e ideología en José Carlos Mariátegui”, Debate (Lima) 7.31 (marzo de 1985): 60-61.

El lingüista y crítico literario peruano Eugenio Chang-Rodríguez, quien reside en Estados Unidos desde hace varios años, llena un vacío en la bibliografía sobre Mariátegui con la publicación del presente volumen. En efecto, son escasos los trabajos dedicados a explorar las primeras incursiones literarias del Amauta, así como a analizar su labor crítica. Chang-Rodríguez intenta establecer las relaciones entre la estética y la ideología mariateguianas, concentrando su estudio en la obra de la llamada “edad de piedra” del autor de los Siete ensayos

En el período1914-1919 el joven Mariátegui publicó una serie de crónicas modernistas, poemas, cuentos y piezas dramáticas que ya revelaban las constantes de su visión estética… Chang-Rodríguez centra su mirada sobre estos aspectos para llegar al análisis del método eclectomarxista, uno de los grandes aportes de Mariátegui a los estudios literarios. Tomando como principio rector el marxismo, el Amauta recurrió a otras teorías vigentes, valiéndose de la antropología cultural, del psicoanálisis freudiano, de la historia, de la teoría mítica soreliana, entre otras disciplinas. Su heterodoxia le impidió circunscribirse a una sola escuela, aunque nunca descuidó al marxismo como eje troncal. Según Chang-Rodríguez, este método “superó los análisis esquemáticos de la crítica literaria de su época y le distanció del período romántico de su vida”. Asimismo, el autor pone énfasis en mostrar los esfuerzos mariateguianos por vincular poética e ideología, considerando la literatura como un vehículo revolucionario. Y, por cierto, también examina la visión que tenía Mariátegui del proceso de la literatura peruana, así como su posición frente al indigenismo. La lucidez y penetración de Chang-Rodríguez hace de este trabajo uno de los libros fundamentales para el conocimiento de la evolución de Mariátegui.

Efraín Trelles[2], “El otro Mariátegui”, Debate 7.31 (marzo de 1985): 84.

Como en la mayoría de estudios sobre José Carlos Mariátegui se ocupa de la última década de su vida (1920-1930), el Mariátegui político terminó haciéndole sombra… al Mariátegui literato… Desde el campo de la crítica literaria nos llega un intento de examen unitario del sentir estético e ideológico de Juan Croniqueur y del Amauta. Bajo el título de Poética e ideología en José Carlos Mariátegui (Ediciones José Porrúa y Turazas) ha aparecido el reciente estudio del lingüista y crítico literario peruano Eugenio Chang-Rodríguez… ha tratado de buscar, en su estudio sistemático de las obras del recordado Amauta, las constantes del sentir estético de Mariátegui. Organizado con puntillosidad inusual en nuestro medio, este libro recorre siete grandes escenarios desde los cuales intenta un ensayo de interpretación del pensamiento de Mariátegui: su vida floreciente en el dolor; la producción de sus años iniciales; la interacción entre su pensamiento religioso y su sentir revolucionario; los puntos de ruptura con el anarquismo; sus relaciones con el proceso de la literatura nacional; el impacto de su conversión indigenista; la vinculación entre poética y marxismo.

El Mariátegui de Chang-Rodríguez… acuña en su producción periodística un modelo estético, fruto de la conjunción de diversos afluentes: ‘profunda religiosidad, exaltación del heroísmo, antipositivismo romántico, tradicionalismo filosófico y herejía creadora.’ Este quehacer estético de Mariátegui, para usar términos del autor de este libro, no cambió en los años finales del Amauta: apenas maduró. En el pensamiento estético del Mariátegui maduro –el que más recordamos— los elementos iniciales cuajaron al impacto de tres procesos centrales: la superación del anarquismo, el debate en torno a la literatura nacional, y el vital surgimiento del indigenismo. La resultante de esta cristalización fue, en Mariátegui, la vinculación entre poética e ideología y la configuración de la literatura como conductor del fluido revolucionario orientado al socialismo.

Es sin duda valorable que se quiera entender la producción del Amauta como una totalidad y las constantes puestas de manifiesto por Chang-Rodríguez…

Luis Alberto Sánchez, “Otra vez Mariátegui”, Hoy (Lima), 14 de julio de 1985.

Eugenio Chang-Rodríguez ha publicado un libro titulado Poética e ideología en José Carlos Mariátegui, que viene a ser una adición a su mayor libro que fue el publicado hace algunos años comparando a González Prada, con Haya de la Torre y con Mariátegui. … Desde el punto de vista de la investigación, sin duda es un aporte notable… Chang destaca muy bien el flanco religioso de Mariátegui. Positivamente José Carlos Mariátegui fue un cristiano cabal, y no abandonó su fe religiosa al formular su proclama marxista. Tal vez esta dualidad aparentemente incompatible influyó en la Tercera Internacional, que hasta 1934 no consideró propio el legado de Mariátegui. Los cuatro años siguientes a su muerte José Carlos Mariátegui fue considerado un heresiarca del marxismo y los comunistas no lo tuvieron por suyo. [. . .]

De todos modos, la constancia con que Chang-Rodríguez sigue el camino de los sucesos literarios del Perú, pese a su larga ausencia, es sumamente estimulante, y ratifica que él es, sin lugar a dudas, un estudioso perseverante y eficaz de nuestro proceso intelectual, por lo que se le debe tributar gratitud y aplauso.

Alberto Flores Galindo, “Influencia protestante”, Cambio (Lima) 9, 12 de junio de 1986, p. 26.

El libro de Chang-Rodríguez está pulcramente escrito y se levanta sobre una abundante bibliografía, puesta al día con las más recientes contribuciones al tema. Aparte de la lectura de los textos juveniles de Mariátegui… Los méritos mayores deben buscarse a nivel de la interpretación, donde el autor realiza a lo largo de siete capítulos una serie sucesiva de calas monográficas (sobre el anarquismo, la literatura nacional o el marxismo, por ejemplo), en las que se entiende la biografía de Mariátegui como una totalidad y se propone la necesidad de aproximarse al conjunto de su obra, sin soslayar nada ni sobrevalorar ningún aspecto. Se rebela así nuestro autor contra el criterio derivado de las llamadas “obras completas” de Mariátegui: por un lado el adolescente y por otro el intelectual maduro; la llamada edad de piedra separada de esa especie de edad de la razón, enmarcada por el encuentro con el marxismo. [. . . ]

El término religión no es necesariamente sinónimo de catolicismo. Todavía no se ha reparado en la influencia que sobre Mariátegui tuvo el pastor protestante John Mackay, a quien encomendó la educación de sus hijos. Entusiasmado por la herejía como elemento indispensable para renovar el dogma, no miró con demasiada simpatía a una institución jerárquica y autoritaria. Esto último se traduce, por ejemplo, en un artículo sobre México, cuando defiende a la revolución de los ataques que recibe de parte de la Iglesia…

Andrés Townsend[3], “Primer Plano. Mariátegui: poeta y político,” Oiga (Lima), 14 de julio de 1986: 40-41.

Eugenio Chang-Rodríguez, lúcido ensayista y crítico… tiene títulos irrefutables para que se le reconozca como la mayor autoridad viviente en historia contemporánea de las ideas políticas en el Perú… penetrante exégeta, contribuye a un análisis con erudición irreprochable, con simpatía cordial y un estilo de serena elegancia.

El libro que comentamos ‑‑Poética e ideología en José Carlos Mariátegui, Trujillo 1986‑‑ es la segunda edición del publicado en España hace tres años… Su sagaz exégeta describe con una franqueza que ningún mariateguista anterior ha realizado, este sincretismo de quien ha sido llamado ‘el primer marxista del nuevo mundo.’ Dice Chang-Rodríguez: ‘Se esforzó a su manera, a veces indirecta o inconscientemente, en desacralizar y desmitificar ciertos hechos históricos para promover la revolución social. Veía estos cambios como manifestaciones sutiles del reino de dios. Tal vez por eso confirió al proletariado industrial, minoritario en el Perú, y al campesinado, mayoritario en el país, el carácter de pueblo mesiánico. Su salvación era sinónimo de liberación y liberación equivalía a revolución. La salvación del calvario culminaría con el advenimiento del Paraíso Socialista. Así la religiosidad del Amauta, tan tradicional en su ‘edad de piedra’ evolucionó en la última década de su vida en una creencia condicionada por la dialéctica marxista y la teoría soreliana de los mitos. Por otra parte, su terca fe en la mística de la insurrección le convenció que la reestructuración económica traería la transformación social, la felicidad espiritual, la tranquilidad del alma –la serenidad que buscó en su juventud en el Convento de los Descalzos’ (Pág. 109).

En este párrafo se cifra, con admirable precisión, la tesis del libro. Y en súbito fogonazo, el autor ilumina las rutas de convergencia entre el pensamiento de Mariátegui y las nuevas corrientes de la Iglesia. Chang-Rodríguez lo señala cuando apunta ‘Se podría sostener que Mariátegui se adelantó a los teóricos de la teología de la liberación, como el Padre Gustavo Gutiérrez.’



[1] Jorge Oswaldo Salazar (n. 1940), peruano, catedrático en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres (Lima), ganó el Premio Casa de las Américas con la novela Ópera de los fantasmas (1984). Entre sus libros destacan Los papeles de Damasco (2006) y La historia de las noticias, 4 ts. (Lima: Universidad San Martín de Porres, 1996, 2001, 2004 y 2007). Fue editor de la revista Caretas y ha escrito en el semanario Dier Spiegel, de Alemania, y Cambio 16, de Madrid.

[2] Efraín Trelles Aréstegui, autor de Linajes y futuro (Lima, SUR y Otorongo Producciones en 1994) y artículos en varias publicaciones, ha sido docente de ciencias sociales en la Universidad de Texas (Austin) y en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

[3] Andrés Townsend Ezcurra (1915-1994), diputado aprista, fundador del Parlamento Latinoamericano, candidato a la presidencia de la República por el Movimiento de Bases Hayistas, fue destacado profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad de San Carlos (Guatemala) y publicó varios libros y numerosos artículos importantes.

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